martes, 23 de agosto de 2011

Un tema muy actual: ¿Cuán fuerte es el gobierno de Cuba realmente, en La Práctica?


Texto @ma_barr / Fotos Youtube

Para los Castros según su discurso oficial, que entregan a la opinión mundial constantemente, sus disidentes son unos cuantos desorientados, penetrados financieramente por el imperio yanqui o cerebros débiles, víctimas de feroz propaganda que logra permear, primero las barreras -nada despreciables- de su censura y después el espíritu débil, con vocación de lacayo, de algún egoísta. Nada más.

Yo, que -en primera instancia- me eduqué en la finca de Castro, recuerdo como llegaba reiterativamente hasta mi pupitre universitario el siguiente concepto marxista-leninista: “La única norma valorativa de La Verdad es La Práctica”. Esto llevado a mi nivel cultural significa: si Ud. me plantea que puede arrancar un pedazo de acero a una barra de ese metal con una dentellada, no hay nada que discutir; tome el pedazo de acero atáquelo con sus dientes si este cede ante su mordida lo que Ud. sostiene es cierto si no, es mentira. En un proceso muy elemental; La Verdad de su planteamiento ha sido valorada por La Práctica. Veredicto inapelable.

Usemos este mismo proceso elemental para valorar la problemática cubana.
Si son unos cuantos lacayos del imperialismo contra más de once millones de ciudadanos beneficiados y agradecidos, defensores todos de las conquistas logradas durante más de 50 años por el gobierno castrista por qué dedicarle toda su atención y fuerza (fuerzas sucias: Las Brigadas de Respuesta Rápida) contra estos pobres confundidos que han de ser diluidos por el amor que le profesa el pueblo a los Castros y a su gestión gubernamental. Esto resulta incoherente yo diría sospechoso.

Algo huele mal en todo esto asunto. Si, por ejemplo, Guillermo Fariñas es un ser aislado, muy disminuido –físicamente-por sus huelgas de hambre que ha sido confundido por la propaganda enemiga por qué gastar recursos en atacarlo y desacreditarlo. El dejarlo en manos de su propio error seria definitivo para él. Once millones de almas “revolucionarias”, ceñudas y fieles a su gobierno, lo contemplarían languidecer en su gestión impopular y por lo tanto inútil.

 Si las Damas de Blanco son un grupúsculo -término que goza de la preferencia oficial- al servicio de un gobierno enemigo y todos los cubanos lo saben por qué dedicarle los denigrantes ataques de   turbas bestiales y ensuciar la imagen impoluta de un gobierno tan sólidamente respaldado por las masas obrero- campesinas y sectores intelectuales de su sociedad. Carece de toda lógica.

Por qué el gobierno necesita, repito, necesita ser el dueño de la única voz que discurse en la isla, el único periódico a leer, el único medio de difusión a escuchar; el único postulado a elegir y –obvio- el único partido a seguir. Para qué amordazar a un mentiroso si la verdad está de manifiesto en la cotidianidad de la isla. O no está su verdad respaldada por su práctica. Esto huele a miedo oficialista.

¿Le tienen miedo los Castros a que su invencible ejército junto con su pueblo sea derrotado por un porciento reducidísimo de la población? O en realidad a quien le tienen miedo, precisamente, es a su muy seccionado ejército y a su muy incomunicada población y le tienen miedo al ejemplo que dan un grupo de mujeres desarmadas cuando piden libertad y justicia porque no hay libertad ni justicia excepto en la retorica del discurso oficial. ¿Este grupúsculo representa a un porciento despreciable, en términos numéricos, de la población? O no es tal grupúsculo; es el detonador del barril de pólvora donde están sentados la casta de los Castros y sus gerifaltes. Es válida la sospecha.

Le tienen miedo a Oscar Elías Bicet cuando, desarmado, pide derecho para todos los ciudadanos porque saben que los ciudadanos en su inmensa mayoría quieren sus derechos y él habla por la mayoría silente que tan conocida es en las dictaduras de terror. Es por eso que un solo hombre, el cual, supuestamente, no representa a nadie haya que tratar de matarlo con el silencio de una ergástula.

Le tienen miedo a una frágil mujer que gusta de dar su opinión enviando telegramas cibernéticos de ciento cuarenta caracteres o de escribir unos cuantos cientos de palabras en una página electrónica para que el que lo desee y pueda se entere de su pensamiento político, sus deseos sociales y de cómo ve ella, como cubana, con todo derecho, el discurrir de la vida – su vida- en su patria.

Le tienen miedo al discurso civil por que no es fusilable con el consenso de la opinión pública. Le tienen miedo al andar de mujeres con flores en las manos por la calles por qué no se les puede disparar y negar el asesinato. Le tienen miedo al pacifista pues dice la verdad con las manos desnudas y no les da lugar para usar sus armas. Le tienen miedo al que escribe pues los tanques no aplastan las palabras ni la verdad se rompe.

En realidad la practica desaprueba su discurso, desmiente sus victorias, no encuentra las cacareadas soluciones sociales y si enseña miedo al pueblo, miedo al soldado y mucho miedo entre la oficialidad misma. Queda muy en entredicho la impecable unanimidad histórica y se pudiera calificar de insulto a la inteligencia de la comunidad mundial.

Si bien no les tiembla el pulso para matar si le tiembla -y mucho- cuando tienen que escuchar los reclamos del ciudadano, pacíficamente expuestos que no les da espacio a su hábitat natural: la violencia. Tienen que gobernar ilegalmente con una teoría respaldada por la fuerza, el terror y la muerte porque si la someten a la prueba de La Práctica, La Verdad la valora y se derrumba.

Una vez más: la única prueba valorativa de La Verdad es La Practica. El gobierno de los Castros no tiene dientes - son postizos - para morder el acero de la realidad, luego todo ha sido y es una gran estafa.

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