El castrismo ha agredido sistemáticamente a todos los sectores de la sociedad para los cuales no ha encontrado espacio dentro de su dogma; si no somos capaces de denunciarlo todo, nos dividimos y somos cómplices de la parte que callamos.
La Marcha de Mariela Castro y la Homofobia.
Con un reducido grupo de participantes homosexuales y rodeada de los matones que se ocupan de la seguridad de la hija del dueño, irrumpe Mariela Castro en las calles de La Habana para captar la atención de los medios de información. Queda claro que hay la orden de transmitir el “suceso” al mundo exterior, esto es decir, fuera de “La Jaula”.
El mensaje que quieren dar es que en Cuba no existe la homofobia como línea oficial del Partido Castro-Comunista contra esa comunidad. Difícil tarea contra la memoria colectiva del cubano.
Cuentan para ello con poco. Son un número exiguo de homosexuales los que están dispuesto a traicionarse ellos mismos y servir de parabán para que las miradas no encuentren en la historia reciente del castrismo las vejaciones y crímenes de que fueron objeto durante largos años los integrantes de este grupo social.
Todavía está presente en la memoria de más de una familia cubana el bárbaro rigor con que fue tratada la preferencia sexual de uno de sus integrantes.
Recuerdo que Yoani, valientemente, en uno de los primeros actos de la puesta en escena de esta burda comedia le preguntó a la hija de Castro que cuando sería posible que la disidencia política pudiera salir del closet. Se pudiera agregar; cuando dejarán salir del closet la historia de esta estigmatizada comunidad, cuando verán la luz pública para ser juzgados por la opinión mundial, los sucesos ocurridos en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción; la diabólicamente famosa UMAP, donde fueron sometidos a trabajo esclavo en pleno siglo veinte estos cubanos para los cuales el único delito que constaba a su haber era el tener una preferencia sexual condenada por la arrogante militancia del partido único, el del jefe de la isla .
Muchos recordamos cuando eran recogidos en vehículos y desaparecidos de las céntricas avenidas de L y 23 donde se reunían en las aceras de Copelia, la conocida heladería, sin otro propósito a la vista que eso, el de reunirse. Eran tan “cotidiano” el acontecimiento que lo contemplábamos desde nuestra parada del ómnibus como algo normal para nuestra salud social y a fuerza de repetirse surgió, de estas tristemente celebres recogidas, una anécdota contada como un chiste: llegaron los vehículos de la recogida, abrieron sus puertas y una de las víctimas entró a toda velocidad dentro el ómnibus sin que el policía se lo hubiese ordenado y a la mirada de este él explico: “es que la ultima vez me tocó ir de pie”. No tiene nada de notable la anécdota y alguien pudiera –si fue víctima- calificarlo de humor negro pero tiene mucha importancia; toda broma tiene un porciento de verdad dentro de ella, que le da origen, en esta anécdota el porcentaje pudiera ser el cien.
No logro imaginar que pueda pasar por las mentes de todos estos seres humanos que tuvieron que vivir esta página dantesca del quehacer social del castrismo pero estoy seguro que con mucho dolor lo recordarán por el resto de sus vidas, estén donde estén, dentro o fuera de la isla-cárcel.